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10 años después de la crisis financiera: las alternativas a los bancos privados son más necesarias que nunca.

Cristofh Scherrer. Editor y director ejecutivo de “ Public Banks in the age of financialization: a comparative perspective” ( aquí sus ideas principales)

Traducción: Aurora Martínez Hernández. mayo 2018

Durante la crisis financiera reciente que se inicio en 2008, las élites políticas cambiaron la percepción negativa que tenían del papel del Estado en los mercados financieros.
Muchos bancos fueron nacionalizados y el gobierno les transfirió nuevo capital o les concedió préstamos a largo plazo y garantías. Pareciera que la deslegitimación que los bancos privados habían sufrido por su comportamiento imprudente volvía a legitimar a la banca pública. Sin embargo las medidas del gobierno ante la crisis se quedaron en medidas propias de la intervención. No se tomaron con el fin de rehacer el sector público bancario. Una vez que la profundidad de la crisis fue superada, los bancos rescatados volvieron a los inversores privados o el gobierno respectivo conservó su propiedad pero no exigió cambios en su gestión (como ejemplo, el Commerzbank en Alemania). Consecuentemente las iniciativas de reforma para hacer al sistema financiero más seguro se olvidaron de la banca pública. La última reforma europea
para estabilizar el sistema financiero, la Unión Bancaria, incluso discrimina a la banca pública. A pesar del comportamiento especialmente bueno que las cajas de ahorro municipales alemanas tuvieron durante la crisis de 2008 (como argumenta Halyna Semenyshyn en un capítulo del libro “La banca pública en la era de la financiarización.
Una perspectiva comparativa”) la Unión Bancaria forzará a las cajas de ahorros a abandonar su modelo de pasivo solidario, que funcionó contra la crisis, por un modelo europeo más expansivo.

Puesto que el llamamiento a extender y fortalecer la banca pública fue    desatendido, la pregunta que surge es si esta      omisión está   justificada. Un  equipo     internacional de  investigadores    que han  cubierto   las experiencias     de    bancos públicos  en países con una banca pública ampliamente extendida, ha explorado recientemente el papel que la banca      pública podría jugar en la estabilización del sistema financiero. Estos
investigadores tenían como objetivo comprender cómo la  banca pública había ayudado en   la crisis. ¿Sirven los bancos públicos como anclas   de estabilidad en las    crisis? ¿Proporciona la banca pública la financiación extra que requiere el desarrollo? 
Ante la idea que prevalece en la actualidad de que una banca pública politizada malamente puede gestionar las entidades financieras, estos autores también se hacen la siguiente pregunta: ¿Qué clase de gobernanza tiene que tener un banco público para poder rendir cuentas ante los ciudadanos?

Teniendo en cuenta las significativas diferencias entre los países investigados, Brasil, Alemania e      India, los autores no comparan el sector financiero de   estos países en    sentido estricto. Mas bien las diferencias son utilizadas para reflexionar sobre determinadas funciones,     comportamientos y       desafíos para los bancos públicos. El caso de Brasil  permite    el estudio    de una función apenas atribuida a la banca pública llamada
estabilización del sistema   financiero vía políticas anticíclicas. Ana Rosa Ribeiro de Mendonza y Simone Deos argumentan que al limitar a los bancos públicos realizar sólo las actividades sin atender por el sector privado – argumento      repetido     en    economía- se  abandona una importante función de los bancos  públicos: ser actores, con capacidad para funcionar en contra de los ciclos económicos y consecuentemente  estabilizar el
acceso    al     crédito   durante las     depresiones. Tomando  como referencia a Hyman Minsky, estas autoras señalan la    intrínseca   volatilidad de los     mercados financieros      dominado por los bancos privados. Para contrarrestar   las tendencias desestabilizadoras, es necesaria la presencia de instituciones con una lógica de actuación     diferente a la    del mercado. Como los bancos públicos no tienen como primer objetivo obtener
beneficios, pueden jugar este     papel. Y por   extensión,   su presencia    en    el     mercado      es la de ser un estabilizador automático, porque los bancos      públicos   proporcionan créditos a largo plazo. En tiempos de crisis pueden ser usados para   intervenciones discrecionales,    es decir     abriendo nuevas líneas de crédito. Empíricamente muestran que el impacto de la crisis del 2008 en la economía de Brasil fue limitado porque el
Banco Central de Brasil junto       con los bancos privados proporcionaron suficiente liquidez a los agentes no financieros.

Desde la generalizada nacionalización de los bancos privados en  los 60, la India ha sido       uno de los países con un mayor sector de   banca   pública. Es pues un     buen sitio  para     estudiar los logros y desafíos de un sistema financiero controlado   durante mucho tiempo por el sector  público. La India es un país con un nivel alto de familias que no       usan los   bancos. Palavi Chavan   describe    en detalle el asombroso aumento del alcance de las sucursales después  de la nacionalización de los      bancos en los 60. La expansión de la banca pública fue acompañada de un incremento impactante de los ahorros y de           las inversiones públicas. Sin embargo la política financiera liberal  de los 90 llevó a lo contrario en estos temas.    La política de bajos tipos de interés para los préstamos  dirigidos al apoyo    agrario se redujo después de 2005,   y sin embargo incluía grandes préstamos        para infraestructura y sectores       industriales básicos, con una alta propensión a los impagos, un tema que Meenakshi    Rajeev aborda detalladamente. Rechazando la llamada a la privatización, Chavan     propone la     necesidad     no sólo de     preservar  el carácter   público de esos bancos mediante la recapitalización por su papel de  inclusión financiera,   sino también una    gestión profesional y transparente para ellos.

La misma Alemania sirve para un análisis del papel de la administración de los bancos públicos durante su vida. Puesto que no todos los bancos públicos se han comportado igual de bien, una comparación entre bancos públicos con éxito y quebrados permite deducir los factores que determinan su resultado. Comparando el ambicioso pero últimamente en declive “landesbank” WestLB con uno más prudente, hasta la fecha, el “landesbank” helaba, Xenilya Polikhronidi confirma la importancia de los órganos de
gobierno. Mientras ambos bancossufrieron la crisis de los 70, los propietarios del Helaba aprendieron la lección y prepararon unos órganos de gobierno caracterizados por un estricto control y mecanismos de supervisión. Así mismo tomaron como misión su carácter de servicio público. En el West LB este compromiso se rechazó y los órganos de gobierno dejaban un alto grado de autonomía a la gestión. Por qué algunos bancos públicos olvidan su función de servicio público es mi preocupación en este libro. Tomando otra vez como ejemplo a los bancos públicos alemanes, describo de forma sucinta su misión en términos de financiarización. Guiado por la teoría del discurso hegemónico, yo interpreto que tener como misión “el dejarse llevar” viene de la hegemonía liberal. Esto me lleva a ser escéptico respecto a las soluciones organizativas tecnocráticas para los problemas. Entender el mandato de servicio público para un banco es de la máxima importancia. Si los actores clave de los bancos públicos no comprenden bien qué implica el mandato de servicio público y no están identificados con él, entonces no puede esperarse que defiendan ese servicio público.

El principal resultado conseguido de estos estudios de casos pueden ser resumidos de la siguiente manera: Más allá de apoyar a las economías regionales prestando dineroy experiencia, los bancos públicos pueden estabilizar los ciclos de los negociosmediante los préstamos a largo plazo y movilizaciones de liquidez a corto para las inversiones contracíclicas y para el consumo. Así mismo, los bancos públicos aumentan el nivel de la inclusión financiera llegando a las familias con bajos niveles de renta. Como los mercados financieros maduros no proporcionan esta clase de servicios, la banca pública también es para los países desarrollados. Por contra o porque la banca pública desarrolla esas actividades, la banca pública funciona por
término medio mejor que la banca privada en estos países incluso en términos de variables tradicionales, como son los beneficios con menores costes en eficiencia. En suma, los bancos públicos pueden realizar importantes funciones en una economía sin tener que confiarse a productos financieros que asuman demasiado riesgo. En conclusión, la extensión de los bancos públicos dentro del sistema financiero puede
contribuir a estabilizarlos. También los bancos públicos son propensos a tener como misión crecer. Y a veces son mal usados: por fines irrelevantes y de egoísmo partidista; por expandirse en su gestión o por beneficiar a deudores poderosos. Para salvaguardar a los bancos públicos de perder su misión original, los cambios en la estructura de incentivos dentro de su gestión no serán suficientes. Además de todo esto, es
necesario que cambie la percepción gestora y política de los bancos públicos respecto de su misión como servicio público. Esto demanda un debate profundo sobre el papel del sector público y los límites del sector privado. Y pone en cuestión los conceptos y las practicas de la financiarización, empezando por la academia y no quedándose sólo en Wall Street.

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