Basilea III. La normativa bancaria que hay que conocer

Aurora Martínez Hernández*

forges“En el conflicto entre el poderoso y el desposeído, el no intervenir no significa ser neutral;  sino ponerse al lado del poderoso” (Paolo Freire). Y los bancos son los poderosos y todos ellos juntos, la fuerza que impide implantar  una normativa para superar la crisis financiera que padecemos. Y los ciudadanos ¿qué pintan en todo esto?

Qué es un banco

José Luis Sampedro, en sus clases por los años 60, repetía que en los colegios se aprendía  la lista de los reyes godos, pero que no se enseñaba lo que era un banco. Y  ahora, más que nunca, los ciudadanos tienen que saber lo que es un banco para que puedan ejercer un  control  a su gestión que permita tener los ahorros seguros,  invertir en la economía real buscando  al bienestar general de los ciudadanos y evitar que se repita otra crisis de deuda.

La  definición de la palabra banco del Larousse es sorprendente: “Organismo público de crédito”. ¿Da por sentado que la actividad bancaria es un servicio público? O esta otra: “Conjunto de organismos que facilitan los pagos de los particulares y las empresas, por medio de préstamos e incluso mediante la creación de medios de pago”. Esta última definición es más ajustada a la realidad que la definición tradicional que  considera a los bancos “sólo” intermediarios entre los ahorradores y los inversores.

Se considera al desarrollo del comercio en el Renacimiento la principal causa del nacimiento de la banca moderna. Banqueros como los Medici en  Florencia, o los  Fugger, que le prestaron al futuro  emperador Carlos V el dinero para comprar los votos de los electores, han funcionado como auténticas potencias políticas. Y ya en tiempos más recientes, los banqueros Rothschild aparecen  unidos a la creación del Estado de Israel.

Los principales indicadores de salud  de un banco

La gran disyuntiva de los  bancos es la de elegir entre riesgo y rentabilidad: si se presta sin poner en riesgo a la entidad, no se obtienen beneficio porque los márgenes de intereses son bajos. Por lo tanto, el beneficio no les viene principalmente de prestar el dinero que los ahorradores depositan en el banco. El beneficio les viene, sobre todo, porque los bancos crean dinero bancario y pueden prestar muchísimo más de lo que tienen en sus cajas y porque invierten en productos financieros de alto riesgo. Por eso los bancos realmente son una bomba de relojería. Por un lado necesitan endeudar a  ciudadanos, empresas y Estado para ganar dinero llevando a la economía a una crisis de deuda; y por otro, se crea un sistema financiero que asume mucho riesgo al crear productos especulativos buscando el beneficio a corto plazo.

Quién dicta las normas internacionales bancarias. Basilea III

La confianza en la banca viene principalmente del nivel adecuado de tres  indicadores:   la solvencia, la liquidez y el endeudamiento (o apalancamiento). Y  es el Banco de Pagos de Basilea – banco central privado de los 56 países más significativos del mundo – forzado por la crisis, el que el año 2010 ha actualizado las normas que deben regir para todos los bancos a nivel internacional respecto de estos tres indicadores. En Europa, ese marco regulatorio se ha plasmado en la directiva 2013/36/UE -conocida con el nombre CRD IV- y en un reglamento -el CRR.  Y para España, en la reciente Ley 1010/2014 del 26 de junio  de ordenación, supervisión y solvencia de entidades de crédito, que unifica el marco normativo vigente de dichas entidades.

Un banco es solvente cuando el tamaño de su patrimonio puede absorber las pérdidas que se puedan ir produciendo. También se puede explicar diciendo que el valor de sus deudas sea inferior al valor de los bienes y derechos de cobro de ese banco. En otras palabras, un banco es solvente si los acreedores pueden cobrar si se vendiera el banco. Este es el gran problema de los bancos actuales: les falta capital, o mejor dicho,  fondos propios. Los fondos propios  -el capital aportado por los socios y los beneficios no distribuidos, principalmente- tienen como misión cubrir las pérdidas inesperadas que se produzcan. Pero  como hay un gran desfase entre el tiempo que normalmente se tarda en devolver un préstamo –el hipotecario 20 o 30 años- y el tiempo que los impositores dejan su dinero en el banco, el volumen de capital debe ser alto.

Los cambios principales propuestos por Basilea III para el capital son: se elevarán los fondos propios (Common Equity o capital ordinario ) al  4,5%  respecto del valor del riesgo que entrañan sus activos -bienes y derechos de cobro- de dentro y fuera de su balance; el Capital Tier 1 (capital ordinario más otras cuentas que absorban pérdidas) al 6%  y un Capital Tier II (que absorbe pérdidas cuando el banco es insolvente, básicamente deuda subordinada que se convierte en capital cuando por pérdidas el capital baja a un nivel) del 2%, también respecto del valor del riesgo de todos sus activos   En total: Capital Tier1 + Capital Tier 2 / Valor del riesgo de sus activos > 8%. Hay que añadir a estas ratios  los “colchones de capital” que se irán introduciendo paulatinamente.  Como se ve, difícil de explicar y dificilísimo de comprobar. Porque son los propios bancos los que siguen autoevaluando su riesgo con ayuda de las poco fiables agencias de calificación de riesgos.

Un activo es líquido si se puede convertir rápidamente en dinero sin perder casi valor. Así mismo, la liquidez de una entidad se define como la capacidad que tiene ésta de pagar a tiempo sus deudas. Un banco no tiene problemas de liquidez si tiene dinero en su caja o en el banco central para pagar sus deudas cuando se las reclamen. Antes de 1990, en España se exigía un coeficiente de caja del 17%.  Es decir, los bancos deberían tener en su caja y en el banco central el 17%  del valor de sus cuentas corrientes. Actualmente, en Europa el coeficiente de caja viene a ser el 1%. Otra forma de garantizar que el dinero no va  a faltar para hacer frente a los pagos es el mercado interbancario. Cuando los bancos se fiaban unos de otros, los bancos se prestaban entre sí. Ese tipo de interés es el famoso Euribor. Hoy en día, en Europa, el que realmente presta a los bancos y resuelve su problema de liquidez es el Banco Central Europeo. Éste ha estado ofreciendo prácticamente barra libre a los bancos que necesitan euros para hacer frente a los pagos. ¡Y ahora, al 0,15%!

Las normas de Basilea III  proponen dos ratios (coeficientes) de liquidez: la ratio de cobertura de liquidez y la ratio de financiación neta estable. La ratio de cobertura de liquidez está formada por los activos líquidos de alta calidad que permiten pagar todas las cuentas que se presenten durante 30 días en un escenario adverso. Es decir, el banco tiene que tener efectivo  vendiendo sus activos líquidos (letras del Tesoro, bonos y obligaciones del Estado, de las Comunidades, créditos comerciales…) para 30 días cuando la economía vaya mal. La ratio de financiación neta estable establece que un banco tiene que tener  financiación a más de un año en una cantidad superior a los préstamos y otros activos a más de un año. O sea, que los impositores no pueden llevarse el dinero pronto si se le ha prestado a mucho tiempo a un cliente. Además, para conocer de forma sencilla el capital que realmente tiene un banco, se exige una ratio de endeudamiento o apalancamiento. Basilea exigía que fuera mayor del 3%. Pero para Europa no se fija su valor. Esta ratio se obtiene dividiendo  el capital Tier 1 entre: todos sus activos,  más el valor de sus derivados y más las exposiciones al riesgo que no aparecen en su balance.

Pero estas obligaciones que está exigiendo el Banco de Basilea y la Unión Europea a los bancos no van en el camino de solucionar la crisis sistémica que padecemos, ni tan siquiera pretende arreglar el sistema financiero, tan inestable, porque: no cambia el principio del beneficio a corto plazo que siguen las finanzas internacionales, no ataca frontalmente el terrible riesgo que soportan los bancos por su gran endeudamiento ni es posible medir éste, ni su falta de capital, ni el gran tamaño de las entidades, ni el control de los derivados o la existencia de paraísos fiscales. Y  hacer más pequeños el balance de los bancos a costa de accionistas y acreedores o fijar sueldos razonables para sus directivos, ni nombrar. El objetivo de Basilea III no fue la economía real, sino  la supervivencia de sus accionistas y en concreto de sus directivos y su poder. Del retraso en la puesta en práctica de la regulación de Basilea, se encargan los lobby, “que están haciendo esfuerzos desesperados para modificar la ratio de financiación estable” (Expansión 3-10-14).  Y aunque las ratios de capital se tienen que cumplir en 2014 y la de liquidez a 30 días,  en 2015, la de liquidez estable y la de apalancamiento se dejan para 2018. En EEUU, Canadá y Suiza ya es exigible esta última.
Hasta un multimillonario, Warren Buffett, comprendió que “los bancos son culpables por haber asumido un riesgo excesivo”. Y  por eso necesitamos una banca verdaderamente pública y con control social. Pero  mientras  tanto, conocerlos se hace imprescindible, aunque  el tema resulte difícil. Todo un desafío.

* Aurora Martínez Hernández es miembro de la Plataforma por una Banca Pública y de ATTAC.

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